Dependencia

Cuando algo nos apetece mucho lo intentamos llevar a cabo lo antes posible, en cambio, cuando algo nos supone un esfuerzo lo vamos dejando. Y la Dependencia es uno de esos aspectos que nos dan pereza.

Por un lado, porque supone un desembolso de dinero, y por otro, porque cuando somos jóvenes pensamos que no vamos a llegar a estar en situación de dependencia. Sin embargo, si con el tiempo acabo llegando a ser una persona dependiente, el principal problema que puede surgir es el coste que conllevan los cuidados y la atención, y si mi patrimonio y la cuantía de mi pensión no son suficientes, voy a originar un grave problema económico a mi familia.

Las ayudas son lentas

Es frecuente reclamar del Estado o de las Autonomías ayudas, que evidentemente son necesarias, y sobre todo para las personas que no tienen suficientes recursos para hacer frente a los gastos que esta situación conlleva, pero, ¿podríamos nosotros hacer algo para minimizar este problema si realmente llega a ocurrir?

Las ayudas públicas existen pero su resolución y pago suele ser lento. Primero hay que valorar a la persona dependiente para conocer su grado pero el problema es que cuando se reconoce la ayuda y se va abonar, es previsible que la situación se haya agravado y que esa ayuda no sirva o sea insuficiente.

En cambio, poder establecer los mecanismos de protección que nos garanticen obtener unos recursos económicos si llegamos a estar en dependencia, permite:

  • Mejorar la atención sanitaria y cuidados de forma que la situación de la enfermedad no se acelere.
  • Tener una situación económica más desahogada que facilite acceder a unos mejores tratamientos médicos que permitan tener una calidad de vida.

Existen diferentes soluciones aseguradoras para la dependencia pero no todas cumplen con las necesidades de las personas y las coberturas complementarias a otros seguros no permiten, realmente, resolver el problema.

En todo caso, sí hay modalidades específicas en las que exclusivamente el riesgo que se valora es el de la situación de dependencia, y es fundamental poder diferenciar estas alternativas de aseguramiento.

Es cierto que para poder obtener una buena protección y, asumible económicamente, tenemos que empezar pronto, y no es sencillo, a una edad temprana, asumir que parte de tus ingresos van a ir destinados a una circunstancia futura, que no deseas y que, encima, no prevés.

Así, es sencillo dejarlo de lado como hacemos con las cosas que no nos apetecen hacer. Lo vamos olvidando y posponiendo y nunca llegamos a conocer cuál es la solución.

Seguramente, la protección con un seguro de dependencia sea menos costosa y suponga menos esfuerzo de lo que pensamos, pero por no dedicarle el tiempo e interés suficiente, cuando nos pongamos a ello quizás no tengamos ya solución.