No es obligatorio contratar el seguro al banco que me está dando la hipoteca. Ni ahora ni nunca. Sin embargo, es algo que se ha impuesto y parece difícil de cambiar. Os explicamos, a continuación, por qué se ha llegado a este punto.

Echamos la vista atrás

Años atrás, la gran mayoría de hipotecas eran a tipo de interés fijo y todo el mundo estaba contento. Sin embargo, en un momento dado los tipos de interés empezaron a bajar y los clientes quisieron renegociar sus hipotecas. Así que a la Banca no le quedó más remedio que inventar el tipo variable. El sistema iba evolucionando pero funcionaba.

Pero llegó la crisis y las hipotecas empezaron a dejarse de pagar. Además, los tipos siguieron bajando y la cláusula suelo fue mal vista. Ya no todo el mundo quería o podía tener una hipoteca.

Así que los bancos pasaron a tener menos hipotecas y las que se tenían eran con menos intereses, reduciendo los beneficios. Por lo que, en busca de encontrar una nueva vía las entidades ya no intentaban asociar un seguro de vida o de hogar a su hipoteca, si no que empezaron a “obligar”.

¿Con la hipoteca, el seguro es obligatorio?

¿Pero es obligatorio por ley? En ningún caso. Sin embargo, si quieres la hipoteca tienes que aceptar el seguro de hogar, de vida, de desempleo, de baja laboral… con el banco.

Por lo que ya no se intentaba asociar un seguro sino no dejar que se escape nadie sin él. Y como a nadie le gusta que le obliguen empieza la rebelión.

Una rebelión que ha provocado que no se hable de la necesidad de la protección, sino solo de cómo eludir la obligación.

Y lo que había empezado como una buena amistad del empleado del Banco y el cliente, se ha terminado convirtiendo en una infructuosa discusión: Uno que sí, otro que no, que lo dice la ley, ¿pero qué ley? Que mi amigo me dijo… y tantas y tantas conjeturas.

Firmo el seguro con el banco y después lo anulo

Al final es tanta la tensión que el cliente firma pero busca cualquier resquicio para anular el seguro.

Así, en poco tiempo uno de los artículos legales más populares en los foros de discusión en internet y redes sociales es el famoso artº 83 a) 1 de la Ley 50/1980 de contrato de seguro.

Hay personas que nunca han leído la ley pero el artº en cuestión lo recitan con total desparpajo ¿Qué dice? Poco importa el texto literal, lo sustancial es que en el seguro de vida, el Tomador del seguro tiene 30 días después de su contratación para anularlo sin ninguna justificación especial con tal de solicitarlo a la Aseguradora.

Vamos, que sin despeinarse hoy firmo un seguro de vida con el Banco y mañana escribo a la Aseguradora y lo doy de baja.

Hemos conseguido que el cliente ya no valore la necesidad y la protección, sino que simplemente piense en como escaparse de las garras del Banco. Da igual si el seguro es bueno o no, da igual si lo necesita o no, como nadie le ha explicado el por qué, se acaba valorando como ganar en la resistencia.

El seguro, una necesidad

Los seguros, bien enfocados a las necesidades de cada persona, cumplen con una cierta función protectora, que hay que saber transmitirla y no percibirla como una simple imposición. Además las entidades financieras quizás deberían valorar esta necesidad de protección como una garantía a mayores del cliente y una necesidad.

  • Un incendio de la vivienda, sin seguro, implica tener que seguir pagando la hipoteca pero sin dinero para reconstruirla
  • Una baja laboral o el desempleo, según nuestra actividad puede suponer una menor fuete de ingresos pero tener que seguir haciendo frente a nuestras obligaciones
  • Una invalidez o fallecimiento, pero sin seguro de vida, puede reducir nuestros ingresos y los de nuestra familia pero permaneciendo la deuda contraída.

¿No sería mejor dejar de obligar a hacer el seguro y dejar de resistirse? Y valorar la necesidad de protección, eso sí, analizando la forma idónea de aseguramiento y a un coste razonable, pero sobre todo eligiendo el Asegurado cómo y con quien asegurarse.