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La contratación de un seguro o un plan puede reportarnos la sensación de estar ya lo suficientemente protegido. Pero, ante un siniestro, puede que la aseguradora no nos dé la razón; aquí entra en juego, de nuevo, la importancia de haber elegido bien nuestro asesor.

El Sr. C.F. tenía contratado su Plan de Seguros Personales con su corredor desde hacía mucho tiempo: vida, accidentes, incapacidad temporal… Tenía un plan de previsión que le daba cobertura en caso de ocurrirle algún contratiempo que pudiera mermar su salud, su situación laboral y su estabilidad económica.

Eso le permitía estar tranquilo, seguir trabajando y seguir con su día a día normal.

Un día, sin poder evitarlo, empezó a enfermar y, después de un largo proceso de baja, el episodio desencadenó en un estado de invalidez permanente absoluta.

Dicha situación trastornaba por completo su vida diaria y futura: no podría volver a trabajar, peligraban sus ingresos, su familia, su estabilidad… Por suerte, la póliza de incapacidad temporal le había cubierto la merma económica en todo el tiempo que debió guardar reposo y estuvo enfermo sin poder trabajar.

Pero, en la nueva situación, debían entrar en juego nuevas coberturas más amplias, de ahí que recurriera a sus pólizas de vida, contratadas tiempo atrás, para cubrir justamente esa contingencia.

Su corredor estuvo haciendo las gestiones pertinentes por su póliza de incapacidad temporal y, llegado el momento de confirmación de la invalidez permanente absoluta, informó al Sr. C. F. de todos los pasos a seguir en su nueva situación tan delicada. Hicieron los trámites oportunos para gestionar, con las distintas compañías, el cobro del capital contratado por IPA en la póliza de vida, conforme a la contingencia que estaba sucediendo.

  1. La primera de las compañías, después de haber aportado la documentación pertinente y haber revisado el caso, dio la resolución favorable y emitió el pago del capital asegurado a favor del Sr. C.F.
  2. La segunda compañía se demoraba en dar respuesta. Tras una serie de contactos, informaron de que rehusaban el caso y denegaban el pago del capital asegurado al Sr. C.F.

¿Qué motivo el rehúse de esta segunda aseguradora?

Las distintas pólizas de seguro se habían contratado en años distintos, siendo más reciente la de esta segunda compañía. Este hecho hizo posible que, ante la misma situación, una compañía procediera a indemnizar mientras que la otra rehusaba alegando la existencia de condiciones de salud mermadas preexistentes a la contratación de su póliza.

La preexistencia es cualquier enfermedad, lesión o condición médica crónica o recurrente, incluyendo cualquier complicación o consecuencia relacionada, antes de inscribirse en una póliza de seguro.

En otras palabras: si tenemos una enfermedad ya conocida en el momento de contratar el seguro, no sería válido un contrato de seguro que cubriera las bajas, invalidez o muerte originadas por esa enfermedad.

¿Qué se puede hacer en esta situación?

A partir de ese momento, el corredor decidió reunirse con el Sr. C.F. para, en primer lugar, ser transparente y explicarle la situación. Y, seguidamente, para ofrecerle todas las herramientas posibles para no rendirse y seguir adelante reclamando el capital contratado a dicha compañía.

El Sr. C.F. pudo reunirse con su corredor a la vez que con el abogado que este le facilitó, de forma que ambos le explicaron la situación, las vías posibles de seguir adelante para poder conseguir el capital que le correspondía y los modos para hacerlo de forma exitosa. El Sr. C.F. depositó su confianza en su corredor, como había hecho todo este tiempo y siguió adelante en manos del abogado que le habían recomendado.

Pocos meses más tarde, el abogado llegaba a un acuerdo con compañía para realizar un pago. El acuerdo llego, por supuesto, después de sopesar pros y contras con toda la información facilitada tanto por el propio Sr. C.F. como por el corredor, y  por suerte no fue necesario llegar a un posible juicio, que hubiera supuesto más tiempo y más gasto, además de un riesgo, para el Sr. C.F.

El Sr. C.F. aceptó ese acuerdo muy satisfecho sabiendo que era la mejor opción para la situación que se había planteado y pudo cobrar la última indemnización que esperaba.

Estar preparado por si llega el momento

Situaciones como estas no se suceden todos los días ya que las compañías aseguradoras son favorables en sus tramitaciones sobre los siniestros de sus clientes. En ocasiones, sin embargo, hay causas que se alargan por errores de contratación, preexistencias, exclusiones, etc.

Es por ello que es de suma importancia hacer una gestión correcta de principio a fin, seguir los pasos adecuados, solicitar el asesoramiento de un experto y, si llegan dificultades, mantener la cabeza fría y dejarse acompañar por los profesionales expertos para conseguir un final exitoso.

 

Sandra Arjona
Responsable Dpto. Siniestros