El Plan de Pensiones para una persona que no trabaja o que tiene unos ingresos anuales inferiores a 8.000€ no es común, sin embargo, puede ser útil en algunos casos.

 

Una máxima de los Planes de Pensiones, y otros instrumentos de ahorro, es la ventaja fiscal que consigues con ellos: cuando haces las aportaciones te ahorras impuestos al tener un tipo impositivo alto (en función de los ingresos del trabajo) y cuando te dispones a cobrarlo debes tratar de hacerlo con el tipo impositivo más bajo posible.

Por tanto, teniendo en cuenta la máxima anterior, no tendría sentido que una persona que trabaje en casa se haga un Plan de Pensiones pues no se ahorraría nada en el IRPF (porque no declara ingresos) y, por lo tanto, no se podría deducir nada, con lo que el ahorro fiscal desaparecería. Pero no siempre es así, y hay casos en los que es muy interesante, como por ejemplo si el cónyuge no trabaja o tiene bajos ingresos, ya que la Ley del IRPF dice que:

  • El cónyuge que tiene ingresos del trabajo puede efectuar aportaciones a favor del plan de pensiones del cónyuge que no trabaja o que tiene ingresos inferiores a 8.000 €.

En este caso, el cónyuge que tiene ingresos (le llamaremos cónyuge-aportante, pero que no es titular del plan) puede efectuar aportaciones al plan del cónyuge (cónyuge-titular del plan) hasta en 2.500€ anuales, que podrá utilizar para reducir su base imponible y ahorrarse en impuestos en la declaración de IRPF al tipo que le corresponda según sus rendimientos netos.

Veamos un ejemplo:

  • Supongamos que el cónyuge-aportante pone el máximo al plan del cónyuge-titular, o sea 2.500€, y que su tipo marginal IRPF es del 30%. Eso supone que se habrá ahorrado 750€ en impuestos.
  • Si lo repite anualmente durante 20 años, el dinero ahorrado en impuestos habrá sido: 750 x 20 = 15.000€.
  • Además, ese dinero puede haber estado invertido, y a poco interés que obtenga es probable que esa cantidad se haya revalorizado hasta convertirse en 20.000 €.

Así que la primera ventaja, el ahorro fiscal, es evidente: se ha ahorrado 15.000€ en impuestos, y tras 20 años tiene 20.000€ en su bolsillo que no hubiera tenido.

Y también parece clara la segunda ventaja: el cónyuge-titular del plan ha recibido aportaciones anuales de 2.500€ durante 20 años, así que en total acumula 50.000€ (2.500€ x 20). Si suponemos que su plan de pensiones le ha dado una rentabilidad media anual del 3%, ese dinero se habrá revalorizado hasta acumular 69.100 euros aproximadamente.

Así que es evidente que la fórmula ha resultado exitosa: uno de los cónyuges se ha ahorrado impuestos y acumula 20.000€, y el otro cónyuge tiene un plan de pensiones con un saldo de 69.100 €. En total son 89.100 € de capital acumulado, tras el esfuerzo de ahorrar 2.500€ anuales (o 208,33 € al mes).

Eso sí, en el momento del rescate (sea por jubilación o por otro motivo) habrá que planificarse bien para evitar perder el ahorro fiscal obtenido. Sigamos con el ejemplo:

  • Si el cónyuge-titular (beneficiario de las aportaciones) decide cobrar de golpe el capital acumulado (69.100 €) tendrá una tributación mayor que el 30% que se ahorró el cónyuge-aportante, y es probable que ésta cercana al 34%. Por lo tanto tendrá que tributar: 69.100 x 34% = 23.494 €…¡Adiós a la ganancia fiscal que se había conseguido!.

 

 

Pero… ¿Quién ha dicho que se tiene que cobrar todo de una vez?

Lo que es esencial cuando llega la hora de cobrar el Plan de Pensiones (o el seguro PPA) es revisar adecuadamente la fiscalidad que se tiene en ese momento (y en la que se tendrá en años siguientes), y planificar bien el rescate (de golpe, fraccionado en años, en rentas) y conseguir así que los ingresos anuales no superen el límite que implica pagar en el IRPF, o para mantenerlos en un tramo impositivo más bajo.

Si se planifica bien el cobro lo más probable es que el beneficio global sea elevado, ya que mayoritariamente se tienen menos ingresos una vez jubilados que mientras se está trabajando. Además, el rescate se puede fraccionar, por ejemplo en una renta (mensual, anual, etc..), y con una cuantía por ejemplo de 8.000€ anuales (daría para cobrar durante algo más de 7 años) no existiría tributación si no se tienen otros ingresos del trabajo (ni pensión).

Es cierto que al ir cobrando esa renta le harán una retención a cuenta del IRPF, pero se la devolverán íntegramente en la declaración del año siguiente, pues Hacienda permite que, aunque la declaración del IRPF no es obligatoria si se tienen bajos ingresos, se puede presentar precisamente para pedir la devolución de esas retenciones.

Por tanto, se puede hablar del ahorro fiscal anual como un beneficio que sin duda ayudará posteriormente a la economía familiar, o que le permitirá tener un capital para reinvertirlo y seguir revalorizándolo.

Será entonces cuando habremos optimizado fiscalmente nuestra capacidad de ahorro. Ponerlo en marcha puede parecer sencillo, pero también hay que tener en cuenta  normas y circunstancias cambiantes, por eso siempre se recomienda hacerlo contando con  especialistas.