medioambiental

La actividad empresarial puede generar daños a los bienes de la propia industria o a terceros. Los primeros se indemnizan por la existencia de un seguro de daños materiales y, los segundos, por los seguros de responsabilidad. Ahora, cuando los daños afectan al medioambiente no siempre queda claro a quién corresponde la responsabilidad y cómo o con qué seguro se puede proteger.

Es conveniente saber que existe una legislación específica sobre esta materia:

  • LEY 26/2007, de 23 de octubre, de responsabilidad medioambiental.

  • REAL DECRETO 2090 /2008, de 22 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento de desarrollo parcial de la Ley 26/2007.

Esta legislación regula de forma amplia lo que determinadas actividades económicas que reúnan  ciertos requisitos por su actividad y dimensión puedan generar al medioambiente en los siguientes tres puntos:

  • En la prevención del daño para intentar que se produzcan los menores daños posibles o que no se produzcan.
  • En caso que se produzcan los daños, adoptando las medidas que permitan aminorar los efectos de la contaminación que se esté materializando.
  • En la reparación del daño. Tanto al indemnizar a posibles afectados como en la reparación global de la zona afectada.

¿Quiénes están obligados por esta Ley?

El Reglamento de la Ley 26/2007 determina quiénes son los que caen bajo esta regulación específica. De manera resumida resultan afectadas aquellas empresas que por los elementos que utilizan en su proceso industrial y su ubicación en ciertos entornos geográficos están más predispuestas a que por cualquier accidente o negligencia puedan ocasionar daños al medioambiente.

 ¿Y a qué les obliga la Ley?

Lo fundamental es que en caso de que se materialice el daño medioambiental tengan los recursos económicos suficientes para poder minimizar los efectos y reparar los daños. Para conseguirlo pueden hacerlo a través de:

  • Constitución de reservas propias, para tener los fondos suficientes.
  • Constitución de un aval.
  • Seguro específico que garantice un capital suficiente para el riesgo específico de daños al medioambiente.

Todo ello en base a lo regulado en las mencionadas leyes. Y si la empresa analizando la Ley y el reglamento considera que no alcanza el grado de riesgo suficiente para seguir las pautas de estas normas, ¿quiere decir que no debe hacer nada o quedaría libre de responsabilidad?

Realmente no. Un pequeño taller, una pequeña actividad de fabricación de cualquier producto que aun no siendo de un gran tamaño utilice productos que puedan provocar un daño al medioambiente, no quedan obligados por dicha  Ley pero no significa que en caso de producir contaminación accidental no deban igualmente reparar el daño y de forma previa intentar minimizar sus efectos.

En estos casos sería conveniente que las empresas analizaran si dentro de la garantía de Responsabilidad Civil tienen un seguro multirriesgo que les cubriría un daño de esta tipología o si en la propia responsabilidad civil, existe la cobertura y, por lo tanto, no sería necesario incluir una específica. Todo lógicamente en relación a la propia actividad que se desarrolla y la posible ocurrencia.

Por tanto, vemos que el daño al medioambiente, bien sea a la tierra, al agua o al aire, puede producirse de diferente forma según la actividad y el tipo de empresa, pero existe en ambos casos una solución aseguradora clara:

  • Por daños al medioambiente con un seguro específico y en alternativa al aval o a la constitución de reservas.
  • Por contaminación accidental dentro del seguro de responsabilidad civil, para aquellas actividades no tan sensibles a estos daños y quedan al margen de la Ley 26/2007 de responsabilidad medioambiental.

Y de esta forma… ¿ya quedan cubiertas todas las posibles responsabilidades? Quizás no. Porque si la causa que origina el daño al medioambiente o la contaminación accidental no se produce por un hecho fortuito y/o accidental, sino por una decisión de algún directivo, la reclamación podría trascender al propio directivo.

Aunque quizás sea más complejo de llegar a esta conclusión de la posible responsabilidad del directivo, no es imposible. Y en caso de ocurrir sería preciso disponer de un tercer seguro como es el de Responsabilidad Civil de Consejeros y Directivos.