En el ámbito rural, tanto las viviendas como las actividades profesionales y económicas que se realizan tienen un gran componente de relación con el ámbito agrario y ganadero. Distinguir los diferentes riesgos y las necesidades de protección es clave para intentar paliar los perjuicios económicos que en ocasiones se producen.

Los seguros asociados que se encuentran en vigor muchas veces no son acordes con los daños que se han producido, y esto genera que existan expectativas de indemnización que no llegan a cumplirse.

¿Qué es lo primero que debemos precisar? Determinar si estamos ante una casa de labranza o una explotación agropecuaria.

CASA DE LABRANZA. Muchas veces no es más que una vivienda unifamiliar que en un anexo dispone de 2 o 3 vacas, 4 o 5 cerdos y probablemente algunas gallinas. ¿Cuál es el seguro más apropiado?

Con frecuencia solo se dispone de un seguro de hogar, y los animales no se incluyen en las coberturas. Por eso, una buena solución es contratar un seguro específico de “casas de labranza” donde los animales se incluyen en las coberturas del contrato: por los daños que sufran por las mismas causas que se contemplen para el conjunto de la vivienda en el seguro multirriesgo (incendio, explosión, inundación…).

Así, el ganado que se disponga también queda protegido frente a los riesgos inherentes a la vivienda.

¿Y cuando la actividad agropecuaria que se desarrolla es de mayor dimensión sirve este seguro?

No. Cuando la ganadería que se dispone es superior estamos ante riesgos más complejos y necesidades de protección más amplias.

EXPLOTACIONES AGROPECUARIAS. Es una unidad de producción agrícola sometida a una gerencia única que comprende todo el ganado contenido en ella y toda la tierra dedicada a la producción agropecuaria. Estamos ante riesgos más complejos y necesidades de protección más amplias.
En ellas puede existir o no una vivienda dentro de las instalaciones.

Si existe conviene diferenciar la vivienda por el clásico seguro de hogar, y las naves industriales, cuadras y anexos, a través de un seguro multirriesgo específico que incluya prestaciones adaptadas a esta actividad, incluyendo, además: avería de maquinaria, equipos electrónicos, paralización de actividad, alimentos refrigerados…

¿Y qué ocurre con el ganado?

El ganado tiene una cobertura más amplia que en las casas de labranza:

    • Ataque de alimañas
    • Despeñamientos
    • Ahogamiento por inmersión
    • Asfixia por apelotonamiento
    • Meteorismo agudo

Además, lo que no cubra el seguro de explotaciones agropecuarias se puede complementar con un seguro específico de multirriesgo del ganado.

De esta forma se alcanza una mayor protección del ganado y no solo dentro de las instalaciones de la explotación, sino también cuando están en el campo, sin olvidarnos de otros riesgos como el robo del ganado o los daños a terceros que se puedan originar por las actividades agrarias y ganaderas.

 ¿Y esta protección es suficiente?

Aunque frecuentemente el aseguramiento finaliza aquí, o incluso con menos coberturas que las indicadas, lo cierto es que también la producción agraria es susceptible de protegerse.

Los fenómenos meteorológicos adversos pueden influir de tal manera que el clima no siempre se corresponda con las expectativas para una buena cosecha.

Por ello, y a través de agroseguro, se puede alcanzar una cobertura específica, siguiendo unas reglas específicas:

  • Ceñirse a las fechas de contratación. Cada producto tiene un período de formalización de seguro. Si no se hace en ese plazo ya no será posible
  • Establecer la suma asegurada idónea, así como facilitar la información correcta de la actividad que se realiza.

Además, este seguro muchas veces cuenta con ayudas y subvenciones.

Como en todas las actividades económicas hay múltiples necesidades, pero siempre deben revisarse y analizarse con conocimiento.